Ser creador de contenido no significa lo mismo para todos. Cada quien llega desde un lugar distinto, con motivaciones, sueños y búsquedas propias. Lo importante es que, al compartir, se convierten en narradores de su tiempo y en voces que inspiran a otros.
Cuando tomas la decisión, unas de las primeras preguntas que aparecen son: ¿de qué quiero hablar? y ¿qué quiero mostrar o contar de mí?
Tras ese impulso de tomar la iniciativa, llegan mil dudas e ideas, y como todo buen proyecto, debes construirlo con todo el cuidado, tiempo y entrega.
La respuesta no siempre llega de un día para otro, pero sí tiene que ver con lo que te mueve por dentro: puede ser una pasión, una curiosidad, algo que disfrutas aprender o incluso una pregunta que todavía no sabes responder. O puede que quieras seguir el camino de un creador que llama mucho tu atención.
Esta decisión no es algo definitivo, porque con el tiempo tu mirada puede cambiar. Pero sí es el primer paso para darle dirección y sentido a lo que compartes. Elegir un tema es como escoger el punto de partida de un viaje: marca el camino, aunque más adelante encuentres atajos o decidas explorar nuevas rutas.
Algunos creadores se guían por lo que más disfrutan —jugar, dibujar, cocinar, contar historias— y otros por lo que quieren transmitir —cuidar el planeta, hablar de sus experiencias, inspirar a otros—. No existe un tema “mejor” que otro; lo importante es que te conecte contigo mismo y con quienes van a escucharte o verte.
La clave está en preguntarte:
•¿Qué me interesa tanto que podría hablar horas de ello?
•¿Qué me gustaría que otros conocieran a través de mí?
•¿Qué cosas me hacen sentir alegría, enojo, curiosidad o ganas de cambiar algo?
Las motivaciones también pueden ser muchas:
• Deseo de transformar: usar tu voz como agente de cambio y para democratizar la información.
• Ser un referente: inspirar a otros con lo que saben o sienten.
• El talento como punto de partida: A veces el contenido nace de un talento específico: cantar, dibujar, jugar, escribir, actuar… y de querer mostrarlo al mundo. Pero también puede surgir de un talento expresivo: la facilidad para comunicar, contar historias, expresarse frente a una cámara o conectar con las personas a través de las palabras, la oratoria o el lenguaje corporal. Lo importante es reconocer esas cualidades que te hacen especial y cómo lo haces único desde tu propia voz o forma de expresarte.
• Un sueño infantil: crecer queriendo ser como ese youtuber, streamer o instagramer admirado.
No tienes que buscar el tema perfecto. Lo importante es empezar con lo que de verdad te emociona y con lo que quieras compartir con otros. Pregúntate:
•¿Qué disfruto tanto que podría hablar horas sin aburrirme?
•¿Qué me gustaría compartir para que otros aprendan, rían o se inspiren?
•¿Qué me mueve a decir: “Hoy quiero grabar esto”?
Ese primer impulso puede venir de lo que te gusta hacer —cocinar, cantar, editar, grabar a tus amigos, leer cómics— o de lo que quieres expresar —una opinión, una causa, una experiencia—.
Creativos y artísticos: música, ficción, cine, moda, estilo de vida, humor.
Educativos y divulgativos: ciencia, periodismo juvenil, reportajes, pedagogía, educación ambiental, finanzas.
Desde el territorio: cultura campesina, historias rurales, tradiciones locales, vivencias cotidianas.
De impacto social: feminismo, género, activismo, visibilidad de causas, animalismo, labor social.
Inspiradores: experiencias personales, blog con voz propia, relatos que conecten.
Lo que hace que un tema sea potente no es lo “novedoso”, sino lo genuino. La gente conecta más cuando siente que detrás hay alguien contando algo propio y con pasión.
Tienes derecho a expresarte.
Puedes hablar de los temas que te importan, te duelen, te emocionan o te generan curiosidad. Esa es la base de la libertad de expresión.
Pero esa libertad no va sola.
•No debe dañar ni humillar a otras personas.
•No debe revelar información privada que no es tuya.
•No debe promover discriminación, violencia o discursos de odio.
Piensa en el impacto de lo que dices.
Expresar tus ideas es valioso, pero también es importante considerar cómo pueden sentirse quienes las ven. La libertad de expresión se ejerce mejor cuando combina autenticidad con respeto.
Tú eres quien proyecta tus metas, quien pone los límites y toma las decisiones con tu equipo; nadie te puede imponerte nada.
Recuerda que esto no es una profesión, es un oficio y como tal hay que tomárselo con seriedad, pero también con calma y responsabilidad.
Tómate descansos y vacaciones; tu cerebro y tú necesitan respiros.
La clave está en la organización para que lleves tu vida como la sueñas.