Tu identidad como creador no se inventa de cero, se descubre. Es la mezcla entre tu voz, tus intereses y tu forma de expresarlos.
• Tu voz: cómo hablas, cómo cuentas las cosas, cuál es el tono que sientes más tuyo: ¿cálido, divertido, reflexivo, sarcástico, cercano?
• Tus intereses y tu foco: esos temas que eliges y que quieres volver parte de tu universo. Puedes hablar de moda, pero desde el reciclaje; de cocina, pero desde lo casero; de música, pero desde la experiencia adolescente.
• El formato y la narrativa: el “cómo” lo muestras: ¿prefieres videos cortos y rápidos, tutoriales paso a paso, historias personales, memes, ilustraciones? Cada formato va moldeando tu estilo.
• La estética: los colores, los lugares, los recursos visuales o sonoros que usas y que hacen reconocible tu sello.
• La vida misma: las experiencias propias llevan a que crees tu identidad. Ese diferencial es lo que te hace único.
Lo importante es que tu estilo no tiene que ser perfecto ni definitivo desde el inicio —se va puliendo en el camino—.Lo clave es que sea genuino, que hable de ti y que refleje aquello en lo que realmente crees.