Un referente es alguien o algo que te inspira. Puede ser un creador que admiras, un estilo que disfrutas o un contenido que te genera tantas ganas que quieres intentarlo también. Los referentes funcionan como un punto de partida: nos muestran que “esto puede hacerse” o representan la idea que tenemos.
Pero también puede pasar lo contrario: que no exista nadie diciendo lo que tú quieres decir, y de ahí nazca la motivación para abrir un camino nuevo.
Muchos arrancan inspirándose en algo que ya existe. Tal vez en un creador cuya forma de hablar conecta contigo, un tema que te apasiona y que alguien ya explora, o un estilo visual/narrativo que disfrutas y quieres intentar.
Inspirarse no significa copiar, sino observar y adaptar. Son una guía, no algo definitivo.
Pregúntate:
•¿Qué admiro de esos referentes?
•¿Qué puedo tomar como inspiración sin perder mi propia voz?
•Me gusta cómo se expresa esta persona → ¿cómo sonaría en mi voz?
•Me atrae este tema → ¿qué enfoque distinto le daría yo?
•Me encanta la estética o el ritmo de este contenido → ¿cómo lo aplico a mis propios temas?
•¿Cómo le daría mi toque personal a ese estilo o contenido?
Otros empiezan porque sienten que nadie habla de lo que ellos quieren contar o porque sencillamente tienen una idea y no encuentran algo parecido. Esa ausencia se convierte en motor: “si no existe, yo lo creo”. Este camino es más desafiante porque no hay un molde, pero también más libre porque todo está por inventarse.
Pregúntate:
•¿Cómo imaginas tu contenido— visualmente, el ritmo, la narrativa—?
•¿Qué tema o mirada no veo representada y quiero compartir?
•¿Qué puedo aportar, que sea distinto a lo que ya circula?
•¿Cómo puedo inventar mi propio estilo desde cero?