Crear contenidos para la infancia no es simplemente hacer “cosas para niños”. Implica una sensibilidad especial, una mirada atenta a sus necesidades, lenguajes y formas de habitar el mundo. A diferencia de los contenidos dirigidos a audiencias adultas, los proyectos infantiles deben asumir una postura más responsable, respetuosa y minuciosa, que da relevancia a la etapa de desarrollo y, sobre todo, a incluir la participación activa de niñas, niños y adolescentes, especialmente en las primeras fases del proceso.
Aquí encontrarás una serie de recomendaciones organizadas por etapas de producción, con un eje transversal: la participación, que no es un paso más, sino una actitud permanente en el proceso de creación.
Las etapas ayudan a ordenar, planear y tomar decisiones creativas, técnicas y narrativas que le dan forma al proyecto, desde su concepción hasta su circulación.
Concebir contenidos surge de investigar, definir y co-crear ideas con niñas y niños para garantizar historias pertinentes, auténticas y centradas en sus realidades.
Planear garantiza seguridad, logística y creatividad, anticipando necesidades para un entorno adecuado y respetuoso que facilite la participación infantil durante el rodaje.
Dar vida a las ideas implica grabar, editar y refinar contenidos coherentes con la premisa original, cuidando narrativas, calidad y la voz de la infancia.
Organizar y circular contenidos infantiles requiere criterios éticos y convergentes que aseguren diversidad, pertinencia cultural y diálogo con audiencias en múltiples pantallas.
Poner los contenidos en movimiento implica pensar rutas que amplifiquen mensajes, acerquen a las audiencias infantiles y permitan aprender de cómo reciben, comparten y transforman las historias.
Evaluar, ajustar y documentar experiencias asegura coherencia, anticipa riesgos y fortalece la conexión ética y creativa con las audiencias infantiles.