Programación y Emisión

La programación de contenidos infantiles implica mucho más que definir horarios de emisión; se requiere una mirada ética, estratégica y sensible a los hábitos de consumo actuales. Las niñas, niños y adolescentes acceden a la TV, a las redes sociales y a las plataformas digitales de manera simultánea, por lo que la curaduría y la circulación de contenidos deben pensarse desde la convergencia.

Un buen ejercicio de programación se enfoca en garantizar la diversidad de miradas, la pertinencia cultural y la protección de derechos, al tiempo que fomenta la participación activa y el diálogo con las audiencias a través de múltiples pantallas.

A diferencia de contenidos dirigidos a otras audiencias, en la producción para público infantil esta etapa no puede hacerse sin la participación de miembros del público objetivo. La presencia activa de niñas y niños es clave, al ser quienes inspiran, orientan y validan las ideas desde sus intereses, necesidades y realidades.

Los criterios de programación son reglas básicas que ayudan a decidir qué emitir y cuándo y por qué hacerlo. Buscan proteger al público infantil, respetar su desarrollo y asegurar coherencia entre el contenido, la franja horaria y las ventanas digitales.

Protección de la audiencia 

Prioriza la seguridad y el bienestar de niñas, niños y adolescentes. Evita situar contenidos para adultos fuera de franjas claras y establece políticas que impidan la exposición accidental a material no apropiado.

Contenidos que no requieren supervisión

Diseña la oferta infantil para que, en lo posible, pueda verse sin la compañía constante de un adulto; cuando un programa necesite de su mediación, señálalo y ubícalo en franjas familiares.

Publicidad y patrocinio responsable 

Si hay pauta, que sea ética. Evita anuncios que promuevan consumo compulsivo, estereotipos dañinos o modelos de vida irreales. Señala con claridad cuándo un bloque es publicitario y prioriza marcas y mensajes que aporten al bienestar infantil.

Inclusión y accesibilidad

Asegura accesibilidad —subtítulos, lenguaje de señas, audiodescripción— y representación diversa en los contenidos. La programación debe permitir el acceso de niñas y niños con distintas capacidades y orígenes culturales.

Convergencia y experiencia multiplataforma

Diseña la parrilla pensando en recorridos convergentes: cómo un capítulo, un short en redes o una actividad web conversarán entre sí. Las ventanas distintas deben complementarse, no repetirse sin valor añadido.

Evaluación y participación

Incorpora mecanismos para medir recepción —audiencia, tiempo de visionado, interacción— y para escuchar a la audiencia infantil y a sus cuidadores —validaciones, grupos focales, paneles infantiles—. Ajusta la programación con base en esos aprendizajes.

La curaduría es el primer filtro que asegura que los contenidos que llegan a niñas, niños y adolescentes sean pertinentes, atractivos y responsables. Aquí no se trata solo de escoger “lo que gusta”, sino de detectar historias que respeten su inteligencia, reflejen su diversidad y se expandan en diferentes plataformas. Un buen proceso de curaduría combina sensibilidad, investigación y visión transmedia, en la necesidad de asegurar que cada programa aporte valor cultural, narrativo y social a la parrilla.

Ten en cuenta que la audiencia infantil es muy importante para cualquier medio y para la sociedad. Trátala con respeto y selecciona los mejores contenidos disponibles, con altos estándares de calidad y con características técnicas y estéticas impecables.
Prefiere contenidos que emocionen, mantén la atención y despierta el interés por descubrir y aprender.
Busca contenidos que respeten y tomen en serio a niñas y niños y que los empoderen con herramientas para la autoestima, la participación, la comunicación y el liderazgo.
Dales prioridad a los contenidos de comedia; el humor es clave si es respetuoso y no cae en ingenuidades ni condescendencias. El lenguaje debe generar identificación.
Promueve contenidos que rescaten la memoria, representen las diversidades culturales y geográficas y dialoguen con la identidad de la audiencia.

Elige producciones que:

Representen diversidad de voces y opiniones.

Vinculen lo local con lo universal.

Cuestionen estereotipos y eviten el moralismo.

Los contenidos deben incluir la diversidad, sin que haya exotismo, ridiculización o exclusión. La representación es clave para construir empatía.

Valora si un contenido tiene desarrollo multiplataforma: lo transmedial permite expandir historias y acompañar a la niñez en distintos espacios.

Asegúrate de que los contenidos elegidos estén alineados con la filosofía, los objetivos y la identidad editorial de la plataforma o canal.
Asegúrate de que los contenidos elegidos estén alineados con la filosofía, los objetivos y la identidad editorial de la plataforma o canal.

Definir el grupo objetivo en la programación infantil implica reconocer que la audiencia no es una sola: hay gran diversidad de rutinas, intereses y formas de consumo. Cada segmento —desde preescolares hasta adolescentes— requiere un trato diferenciado, tanto en la parrilla y los horarios de TV como en la elección de plataformas digitales y redes sociales. Asimismo, los cuidadores cumplen un rol indirecto pero decisivo en el acompañamiento y la mediación.

Programación según las edades

Los preescolares, escolares y adolescentes tienen necesidades, gustos y rutinas distintas. La programación debe contemplar franjas específicas y contenidos acordes a cada etapa de desarrollo.

Consumo multiplataforma

Mientras los más pequeños suelen acceder a la TV y a tabletas bajo supervisión, los más grandes hacen uso del celular y las redes sociales. La estrategia de programación debe adaptarse a estas diferencias, para que los contenidos viajen entre pantallas de manera coherente.

Adultos y cuidadores

Padres, madres y cuidadores son un público indirecto que influye en la decisión de consumo. Diseñar materiales de orientación o guías de acompañamiento fortalece la confianza y el diálogo intergeneracional.

La ética y la responsabilidad en la programación infantil parten del reconocimiento de niñas, niños y adolescentes como sujetos de derecho. Esto implica que los canales, medios y plataformas asuman un compromiso activo: ofrecer contenidos que protejan su bienestar, respeten su dignidad y garanticen su participación en condiciones de equidad. La televisión y los entornos digitales deben entenderse como espacios formativos y de expresión; cada decisión de programación debe reflejar una responsabilidad social frente a las infancias. 

Ubicar los contenidos en horarios adecuados evita la exposición de niñas y niños a emisiones para adultos. El respeto por las franjas seguras es un compromiso básico de los programadores.

Mantener la emisión completa y en orden de las series fortalece la confianza del público infantil y de sus cuidadores. Cambios abruptos en la programación generan frustración y una percepción de irrespeto.
Aunque la regulación digital en Colombia sigue en construcción, los medios pueden adoptar estándares internacionales de clasificación por edades. Señalizar de manera clara en televisión, web y plataformas digitales brinda seguridad a niños, cuidadores y educadores.
Niñas y niños no son receptores pasivos. Tratarlos como interlocutores implica escuchar sus reacciones, respetar sus decisiones de consumo y considerar su participación en la construcción de la oferta de contenidos.
La responsabilidad no termina con la emisión. Es necesario prever cómo los contenidos circulan en redes y plataformas, anticipar riesgos de usos indebidos y diseñar estrategias de acompañamiento que protejan a niñas y niños en la interacción digital.

La interacción ya no es un valor agregado: es parte esencial de la experiencia infantil. Niñas, niños y adolescentes esperan participar, comentar y compartir en tiempo real mientras consumen contenidos, tanto en televisión como en plataformas digitales. Una estrategia sólida de interacción fortalece la relación con la audiencia, legitima a los medios y multiplica el alcance de los contenidos.

Ecosistema convergente 

La televisión, las redes sociales y las plataformas digitales se complementan. Diseña experiencias que permitan ver un capítulo en TV y continuar la conversación en redes, apps o sitios web oficiales, siempre con protocolos de protección infantil.

Retroalimentación en tiempo real 

La interacción ocurre en simultaneidad: comentarios en vivo, encuestas en redes, hashtags, reacciones en plataformas… Implementa herramientas que recojan esas voces y que, cuando sea posible, las integren a la narrativa del contenido.

Participación activa y creativa  Ofrece espacios en los que niñas y niños puedan aportar ideas, historias, ilustraciones o retos. Da visibilidad a sus aportes —con consentimiento y cuidado de datos— para que se den cuenta de que hacen parte de la construcción de la programación.

Moderación y cuidado 

Toda interacción debe gestionarse con protocolos claros: moderación activa, protección de datos, prevención del acoso y acompañamiento de los cuidadores. La participación segura genera confianza y credibilidad.

Insumos para la programación

Usa la información obtenida en las interacciones —comentarios, métricas, tendencias, sugerencias— como insumo para tomar decisiones editoriales y de programación. Reconocer y agradecer esos aportes refuerza el vínculo con la audiencia.

Transparencia y credibilidad

Responde a las inquietudes de manera cercana, clara y respetuosa. La transparencia en la comunicación fortalece la imagen del medio como un espacio responsable, accesible y confiable para las infancias y sus familias.